domingo, 24 de enero de 2010

El antiguo Almacén La Alhambra... no-velado

Ramón Rojas Troyo fue un rico comerciante y agricultor costarricense, a cuyo empuje se debió en su momento uno de los capitales más sólidos y diversificados del país. Su vida, rica en aconteceres episódicos dignos de contarse tanto como los de su descendencia, ha sido narrada por Daniel Gallegos en Los días que fueron (Alfaguara, 2009), novela que profundiza a modo de saga en las glorias y vicisitudes de dos generaciones de esa familia, que es la suya.

Y un paso al menos en uno de esos episodios, lo constituye precisamente el origen de uno de los más emblemáticos edificios privados de la ciudad capital: el del antiguo Almacén La Alhambra. Ubicado en calle 2, entre avenidas Central y 2º, en la novela el personaje de Dolores lo evoca así: especialmente recordaba el viaje con su marido a Bélgica, para contratar la edificación, a pocos metros del Palacio Nacional, del edificio en hierro que albergaría la firma Arnesto, en San José. Todas las piezas metálicas, techos, paredes, escaleras, debían ser enviadas a Costa Rica para ser ensambladas en el sitio de la construcción. Para tal fin Ramón contrató a un arquitecto e ingeniero belga.

En ese momento de fines del siglo XIX, el inmueble fue todo un hito arquitectónico, pues poseía tres niveles, un subterráneo y el primer elevador que se conoció en el país; todo lo cual era inusual en una ciudad donde la escala máxima a causa de las técnicas constructivas y de los sismos, era de dos pisos. Pero el edificio, importado por expreso encargo a un costó de 40 mil colones, preveía de modo preciso el problema telúrico.

Sería el edificio más grande que tendría San José y para contrarrestar su armadura metálica que consideraba un tanto pesada, encargó la confección de un precioso balcón morisco, razón por la cual bautizó la tienda con el nombre de La Alhambra. (…) "Creo que una gran tienda estilo europeo será una atracción para la Capital -decía su marido entusiasmado-. Además, pienso que es un negocio en el cual las mujeres de la familia estarán siempre interesadas, pues la moda les preocupa más que la agricultura."

En efecto, la tienda fue toda una sensación en el aldeano ambiente josefino, que empezaba ya a sofisticarse tanto como lo hacían sus damas, casi del todo despreocupadas de dónde provenía la riqueza de que disfrutaban; mientras el edificio fue un claro ejemplo del eclecticismo reinante en la época, y parte de esa deseada moda europea.

De esbelta apariencia neoclásica en su proporción, lo mismo que en detalles como sus pilastras, cornisas, pequeños frontones, ménsulas y entablamentos, la estructura en cambio es prefabricada y de factura industrializada, mediante perfiles de acero remachado como esqueleto y paredes de ladrillo confinado, tecnologías ambas propias de la Revolución Industrial.

Hoy, en el interior pueden observarse aún las barandas de las escaleras en hierro forjado, las cornisas adornadas con una decoración floral de acero galvanizado y en el cielo raso la mezcla de metal y madera como materiales predominantes; y hasta hace unos años, el edificio lució el original balcón de apariencia neomudéjar a que hace alusión Gallegos en su novela, hoy lamentablemente desaparecido.

Con el tiempo, el Almacén La Alhambra pasó a ser propiedad del comerciante español Elías Pagés, quien lo mantuvo tantos años, que al fin la memoria de su origen pareció perderse, hasta ser recuperada por esa por demás extraordinaria novela histórica.

domingo, 3 de enero de 2010

El Palacio Nacional en imágenes

En vista de las lógicas limitaciones de espacio en un artículo como el publicado el día de hoy en el Suplemento Áncora del periódico La Nación, para la amplia iconografía reunida por el autor alrrededor del Palacio Nacional, la brindo al público completa y a modo de complemento de aquella publicación en la presente entrada.

Retrato de don Juan Rafael Mora, Presidente de la República de 1849 a 1859, Héroe de la Campaña Nacional y bajo cuyo mandato se construyó el Palacio Nacional de 1853 a 1855. A la derecha puede verse el mapa de la ciudad de San José en 1851, con la ubicacón de los principales edificios y la ubicación del futuro Palacio.

Acompañando al viajero y escritor irlandés Thomas Francis Meagher, vino también a San José en 1858 su amigo y condiscípulo José Ramón Páez, que dejó entre otras incomparables imágenes de época, dos grabados sobre el Palacio Nacioanal: una de su exterior, basada en una fotografía hoy extraviada del fotógrafo norteamericano T.C. Rhodes (arriba), y otra de un baile ofrecido en el Salón del Congreso por el Presidente de la República Juan Rafael Mora (abajo).



Fotografía de la inscripción ubicada en el zócalo del Palacio Nacional, que rezaba: "CONSTRUIDO BAJO la ADMINISTRACn MORA. 1853. costó $ 830. (ilegible)".

El Palacio Nacional hacia 1870, en fotografía de Eduardo Hoey.

El licenciado don José Joaquín Rodríguez saluda a sus partidarios desde el balcón principal del Palacio Nacional al asumir la Presidencia en 1890, después de ganar las elecciones de 1889 consideradas históricamente como las primeras verdaderamente democráticas realizadas en el país.

La calle 2 vista hacia el sur, hacia su intersección con la avenida Central, a finales del siglo XIX. Al fundarse "la villita" en la segunda mitad del siglo XVIII, éste era el centro y por eso estuvo aquí la primera iglesia de San José. A la derecha, el Palacio Nacional, donde estuvo la primera plaza de la ciudad.

Dos fotografías del Palacio Nacional aparecidas en la revista Páginas Ilustradas, en enero y abril de 1907.

El Salón del Congreso en 1909, tal como apareció en el Álbum de (Fernando) Zamora ese mismo año.

El Palacio Nacional en una tarjeta postal fechada en 1909... cuando aún era un orgullo para la capital de Costa Rica.

El Salón del Congreso tal y como lo captó el lente de Manuel Gómez Miralles a inicios de la década de 1920.

Al asumir su segunda presidencia (1924-1928) don Cleto González Víquez hace su entrada en el Palacio Nacional.

Una manifestación del Partido Comunista en el patio interior del Palacio Nacional, hacia los años cuarenta.

El Salón del Congreso hacia los años cuarenta del siglo pasado.

Vista desde en sentido noroeste, desde la avenida Central. Principios de los años cincuenta.

El Palacio Nacional a mediados de la década de 1950, poco antes de su demolición por el segundo gobierno de José Figueres Ferrer (1953-1958). Atrás, como una amenaza ya entonces, puede verse el edificio Schifter, cuya arquitectura moderna es la misma que luego, con el edificio del Banco Central y otros, vendría a ser la arquitectura del nuevo Estado Benefactor y de la llamada Segunda República, en oposición a la arquitectura neoclásica que fue la del Estado Liberal.

La avenida Central en su intersección con la calle 2, donde se ubicó el Palacio Nacional y, como se puede ver a la izquierda de esta foto, se ubica desde inicios de los años sesenta, el Banco Central de Costa Rica, entonces en construcción.

Una vez concluido ese edificio, y casi como una burla a los costarricenses a los que se despojó con él del principal símbolo de la república, del liberalismo que la fundó y de la democracia que la hizo funcionar por casi un siglo, el Banco Central instaló una placa de bronce en bajorrelieve que recordaba al demolido Palacio... hoy, la esquina esa ya no aloja ni siquiera esa placa que, irónicamente, era el único recuerdo que conservaba la ciudad capital de ese magnífico edificio que fue su centro.