lunes 5 de marzo de 2012

Sobre los “túneles” de San José


18 de agosto de 2011 / 15:26

Saludos don Andrés

Espero que esté muy bien. (…)

Le escribo para solicitarle su ayuda sobre un tema que me gustaría reportear para las próximas semanas. Quisiera averiguar sobre una red de túneles que existieron (o existen) debajo de nuestra capital. Entiendo que varios de estos fueron construidos para eventuales fugas en tiempos de la guerra del 48.

La información que tengo sobre este tema es únicamente basada en rumores de varias personas que dicen tener conocimiento sobre los túneles, y he escuchado de lugares como la antigua FANAL, el Museo Nacional y la extinta comisaría de San José. Además sé de la existencia de otros caminos subterráneos con rutas como Palacio Episcopal-Catedral de San José o de Iglesia de El Carmen-antigua Embajada Americana.

Le agradecería mucho me informe si usted tiene conocimiento sobre estos pasos o si me puede referir con alguien más que pueda informarme al respecto.

Gracias de antemano,

Arturo Pardo Vargas
Periodista La Nación.

* * *
18 de agosto de 2011 / 18:41

Estimable Arturo

No se preocupe usted, que en cuanto pueda ayudarle, cuente conmigo, siempre que brinde los créditos correspondientes. Respondo a su interés.

Desde los tiempos del general Morazán, en la década de 1840, se habla de "túneles", a veces se mencionan en San José, a veces en Cartago. A partir de ahí, he comprobado que según sea quien cuente el cuento, el conflicto en cuestión con el que se relacionan varía: cuando los Tinoco, el Bellavistazo, el 48, el 55, etc.

No obstante, personalmente considero que si algo puede considerarse con toda propiedad una leyenda urbana en San José, son sus famosos "túneles" que, por lo demás, sí existen: son los del alcantarillado sanitario que a principios del siglo XX se construyó a iniciativa -en su preocupación casi maníaca por la salud pública- de nuestros dos grandes próceres Carlos Durán Cartín y Cleto González Víquez.

A esos “túneles”, tomando como pretexto el que usted pretende usar como tema, incluso entró alguien de Canal 6 (¿?) con todo y cámara hace unos años -debería buscar ese material-. Son construcciones longitudinales y abovedadas en ladrillo mampuesto, que atraviesan la ciudad no necesariamente siguiendo la cuadrícula y su ortogonalidad, sino cortándola en diagonal algunas veces, según las características topográficas y geomorfológicas de la pequeña meseta donde se asienta nuestra ciudad: la famosa e irregular Boca del Monte de Aserrí.

Ese sistema de alcantarillado se construyó a semejanza del de Londres, el primero y más avanzado entonces, diseñado casi que totalmente hermético porque su cometido era combatir las “miasmas”, efluvios u olores pútridos a los que se creía responsables de las pestes que azotaban a la victoriana ciudad; hipótesis por demás absurda como demostró luego la ciencia, pero que sirvió, allá como aquí, para sanear en efecto el ambiente urbano. No en balde se mencionan solo "entradas" en algunos de los puntos por usted mencionados, sitios que por públicos es probable que sirvieran también para dejar los necesarios accesos o registros... como es el del quiosco de la FANAL, frente a la Casa Amarilla, según me han dicho y no he podido comprobar.

Por sus dimensiones y escala, claro, parecen ser túneles, más aún si se toma en cuenta que algunos de ellos –por el despoblamiento de la capital y por su sustitución parcial por la tubería de concreto, que se instaló en paralelo con calles y avenidas cuando se pavimentó San José, a fines de la década de 1920– es probable que tengan años de no arrastrar sino unos cuantos detritos, si no es que están secos del todo. Conclusión: leyenda urbana... puesto que conozco varias personas que los han visto, entrado y recorrido… sin saber en realidad qué son y para qué servían.

Otros, como los que puedan existir y conozco quien asegura tal existencia, como son los de los alrededores de la antigua Aduana -y que no se encontraron pese a excavaciones realizadas a propósito de la intervención de esa obra, en la que participé- son claramente obras ingenieriles propias del cambio de superficie que se efectuó ahí en función de permitir el acceso del tren a un terreno que era bastante malo, como que antes fue una especie de vivero: el Jardín de Carmiol. Así, no es descartable tampoco que se hayan confundido con tales "túneles" el entubamiento de las quebradas y acequias josefinas efectuado a principios del siglo XX también.

Túnel, como tal, fue el que mandó construir Monseñor Rodríguez en los años de 1950 –según tengo entendido– entre el nuevo Palacio Episcopal y la Catedral Metropolitana, y que atraviesa la avenida 4... no obstante, este no salió a flote cuando se construyó el Paseo de la Unión Europea: lo sé porque vivo a 400 varas y estuve atento siempre al posible hallazgo. Conclusión: o ya no existe o pasa a más de 3 o 4 metros bajo el nivel de la calzada.

Eso es todo cuanto tengo que decirle al respecto: espero le sean de utilidad estas notas, que por lo demás me han permitido extenderme un poco en un tema que –hasta dónde puedo yo afirmar en mi condición de cronista de esta ciudad– habita sólo en la fantasía de muchos costarricenses que, a falta de conocer la historia urbana, necesitan de sus leyendas: pero ojalá y usted los encontrara.

Con un saludo,

Andrés Fernández

(Ver texto de Cristian Cambronero en Fusil de Chispas)

jueves 23 de febrero de 2012

San José Neoclásico: un recorrido más

Para adentrarse en el ser y en el hacer de la arquitectura neoclásica en nuestro país, les remito al capítulo I de mi libro Un país, tres arquitecturas: Costa Rica, el liberalismo y la aparición de una cultura urbana.

lunes 20 de febrero de 2012

El Cuartel de Artillería… una anécdota


Dos cuarteles militares tuvo San José: el Principal, frente al costado sureste de la Plaza Principal –luego Parque Central–, donde hoy se encuentra el Teatro Raventós (avenida 2 y calle Central), y el de Artillería, ubicado en la esquina sureste del actual Mercado Central (avenida Central y calle 6).

De ese viejo Cuartel Artillería no se conserva, al parecer al menos, fotografía alguna. No obstante, obra de Adán Montes de Oca, existe un dibujo a lápiz: Plano del Cuartel de Artillería de San José en 1870, reproducido en la obra De Nuestra Historia Patria nº 7 de Rafael Obregón Loría (1970). Montes de Oca, que vivió junto al edificio en mención, en la esquina suroeste de dicha manzana, dejó además otros dibujos de época que son hoy valiosos documentos históricos.

En su dibujo, el autor denomina a la avenida Central como “Calle de la Merced” pues dicha iglesia se encontraba entonces en la esquina suroeste de la actual manzana del Banco Central de Costa Rica. El cuartel, por su parte, luego de construido el Mercado de Abastos en 1880, sería trasladado al solar noreste de la misma manzana del Banco Central (avenida 1 y calle 2).

Durante la segunda administración de Jesús Jiménez, el 27 de abril de 1870, el Cuartel de Artillería fue escenario de uno de los hechos militares capitales de nuestra historia política: el golpe de Estado encabezado por el entonces coronel Tomás Guardia Gutiérrez. En dos carretas cubiertas de guate, se dirigieron los rebeldes al cuartel y en cuanto les abrieron las puertas, salieron de las carretas mientras otros entraban a pie y al ataque, entre ellos el primo segundo de Guardia, Fadrique Gutierrez, después reconocido como uno de los pioneros de la escultura en Costa Rica, con varias e importantes obras en su haber.

Una detallada narración del hecho se encuentra en el libro de Luis Dobles Segreda Fadrique Gutiérrez. Hidalgo extravagante de muchas andanzas, en el capítulo "El bautismo de plomo": El Coronel Alejo Biscoubí [Melou], Comandante de La Artillería, estaba en esos momentos en un sitio que nos excusamos de nombrar, pero que daba al patio principal, donde había una escuadrilla de cinco cañones, dos de ellos listos para disparar. Abrochándose los pantalones y asegurándose los tirantes, Biscoubí se lanzó en dirección de los cañoncillos. Pero la serenidad de Fadrique Gutiérrez, y su magnífica puntería, hicieron blanco en él, con tal destreza, que murió casi instantáneamente. Sin embargo, al caer a tierra, ya herido de muerte, [Biscoubí] logró disparar su pistola contra su matador y alcanzó a pegarlo en la rodilla izquierda.

Ese balazo dejó a Fadrique Gutiérrez renco para el resto de la vida, pero le proporcionó también todos los beneficios de que ampliamente disfrutó en altas posiciones, aunque le dio también a probar todas las desventuras con que deslealtades y celos lo hicieron blanco. La embestida formidable, por rápida y certera, de aquel grupo de arrojados, fue irresistible y obstinada. Cayeron primero el Coronel Biscoubí, el Comandante de la Guardia y el Oficial de Servicio y, con tan señaladas bajas, la guardia se desmoralizó y dejaron de resistir los cincuenta militares que la formaban, atacados de pánico por la sorpresa y la rapidez de aquellos 24 leones […]. El Coronel Biscoubí fue leal hasta la muerte. Militar de carrera, había asistido como capitán a la guerra de Crimea de 1854 y ya en América se enganchó en la artillería del General Gerardo Barrios en 1863. Fue valiente y abnegado y murió en su ley.

Si el asalto al Cuartel de Artillería fue el más célebre de nuestros golpes de Estado, de la estampa de ese edificio, insisto, no nos quedó sino el plano de Montes de Oca. En ese invaluable documento, sin embargo, no aparecen los "excusados" en que se hallaba Biscouby al momento del ataque, pero su tumba si se encuentra aún en el Cementerio General de San José. Fadrique Gutiérrez, por su parte, anduvo cojo desde ese día y por el resto de su vida, y poco antes de desaparecer el Cuartel de Artillería del asalto aquel, diseñó y construyó en Heredia el famoso Fortín del cuartel local, en 1876.