miércoles, 30 de noviembre de 2011

Cuando Dios creó Alajuela (a MPGB)


“En el principio del mundo estaba el Señor, Dios Bueno, sentado sobre las tinieblas. Y cuando tenía como tres millones de años de estar sentado, dijo:

_Hágase la luz, y la luz se hizo.


Vio que la luz era bonita y para celebrarlo hizo un turno y mandó invitación a todos los ángeles, […] que vinieron y se recetaron la gran gozada. Entre los invitados, estaba San Gabriel, que era medio poeta y conocido como un gran ‘carbonero’, puesto que siempre andaba tras de las faldas del Señor, diciéndole que eso y esto y lo otro. Y de un momento a otro, abusando de la alegría que tenía el Señor por lo bonito que estaba el turno, le dijo:

_Señor, ya que vos has hecho la luz, ¿por qué no haces algo que sea digno de esa luz?


El Señor no le hizo caso, pues sabía que era un ‘carbonero’ de marca mayor. Pero ya más noche el Señor hizo cerebro y dijo:

_El Ángel tiene razón.

Y al día siguiente, Dios hizo la ciudad de Alajuela.


Después de hacerla, descansó porque le había costado mucho trabajo. Y Alajuela fue así en un principio: con sus caminos de oro, lagunas y montañas; mujeres muy lindas en todos los pueblos y un pocotón de hombres trabajadores y buenos para jugar. El Señor quiso ver por sí mismo un milagro y en el apartadero del Ángel Rubio (que es el nombre que tenía el sesteo), escogió una carreta con una buena yunta de bueyes de repuesto y se vino a conocer. Conoció Naranjo, Palmares, Grecia, Orotina, San Carlos, San Ramón. Y en todas partes decía:

_Esto es muy bueno –y se frotaba las manos.


Y al mismo tiempo iba dando retoques, para que cada ciudad tuviera cosas lindas o mejores que las demás. En el corazón de la ciudad de Alajuela, se pasó tres horas comiendo mangos. Luego, subido en la carreta, conoció Canoas, El Brasil, El Llano, Sabanilla y hasta estuvo pescando en una poza.

Y vio que todo era bueno y descansó.


Pero San Gabriel, siempre de ‘carbonero’, le dijo al Señor:

_Señor, Dios Bueno, después de que hiciste la ciudad de Alajuela, ha quedado un sobrillo en el cielo…

Y lo dijo bien alta la voz, para que todos oyeran.


Entonces el Señor Bueno, vio que la única forma de quitarse ese tremendo carbonero de encima, era dándole gusto, por lo que dijo:

_Con lo que ha sobrado, después de hacerse Alajuela, HÁGASE TODO LO DEMÁS.


Y así fue como se hicieron las estrellas, los mares, montes y ríos. Luego las ciudades que habitan la tierra. Y así nacieron las tardes muy hermosas y las mañanas de azul diamante.

Pero todo, TODO, se hizo con las sobras que se quedaron en el cielo, después de que el Señor Bueno había terminado la ciudad de Alajuela.”

(Texto tomado de la novela Picahueso del escritor costarricense José León Sánchez, Editorial Costa Rica, San José, 1967. Ps. 79-80.)