viernes, 24 de julio de 2009

La Estación del Ferrocarril al Pacífico


Al finalizar los trabajos del Ferrocarril al Atlántico en 1890, y habiendo quedado este en manos privadas, el Estado costarricense se propuso completar por su cuenta y con carácter interoceánico, esa moderna ruta terrestre. Fue cuando nació la idea de construir el Ferrocarril al Pacífico, cuyas obras se iniciaron en 1897 bajo la administración de don Rafael Yglesias Castro, y que culminaron en 1910.

Su estación terminal capitalina ha ocupado desde entonces, el mismo predio que le conocemos hoy (en avenida 20 y entre calles 2 y 4), pero se trataba de un amplio edificio de una planta, construido en madera y bahareque, al que llegaban tanto el tranvía como los carruajes con pasajeros desde y hacia Puntarenas y los puntos intermedios, y que hubo de renovarse años más tarde. Dicha renovación fue la culminación de las obras de electrificación de toda la instalación ferroviaria, que se inició en 1927 durante la segunda administración de don Ricardo Jiménez Oreamuno con la reconocida empresa AEG de Berlín, y que trajo consigo también el establecimiento de las comunicaciones telefónicas y telegráficas.

Ese proceso concluyó en 1930, con lo que se hizo urgente la sustitución de las instalaciones existentes a lo largo de la vía para ponerlas a tono con el avance tecnológico, iniciando en Puntarenas y culminando en San José. Por eso, en la tercera administración de don Ricardo Jiménez (1932-1936) su Secretario de Fomento León Cortés Castrotuvo como recargo la dirección del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico, con el ambicioso plan de un completo desarrollo del equipamiento ferroviario, a cargo de sus propios técnicos especializados.

De modo que ya como Presidente, Cortés Castro (1936-1940) pudo culminar ese proceso de renovación infraestructural, quedando prevista mas no concluida la terminal josefina, que no lo fue sino en la administración de Rafael Ángel Calderón Guardia en 1940. La obra de la nueva Estación del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico en San José, fue diseñada por el arquitecto costarricense José Francisco Salazar Quesada, y fue concebida urbanísticamente como el remate visual sur de la ciudad capital, en el Distrito Hospital.

Por eso mismo, el edificio a su vez fue construido enteramente de concreto armado, tecnología de primera entonces en todo el mundo, incorporando bloques de vidrio para filtrar la luz, y usando maderas preciosas nacionales en sus detalles de fino acabado. Simétrico en su disposición, el inmueble posee dos volúmenes de ángulos redondeados que enmarcan un tercero, ubicado en el centro y de mayor altura, y donde estuvo la torre de comunicaciones.

Este volumen central posee el acceso del público con su doble boletería para primera y segunda clase, oficinas laterales, el gran vestíbulo y su monumental escalera, los cuales definen de modo sencillo y eficaz, su función de contenedor de pasajeros en tránsito. La primera planta por eso, es de carácter enteramente público, quedando reservada la segunda a las autoridades administrativas de la empresa estatal, funciones que sigue cumpliendo.

Cabe destacar que esos volúmenes y sus marquesinas de apariencia náutica, derivan de la variable del racionalismo comercial arquitectónico o art decó, conocida como streamline modern o moderno aerodinámico, versión norteamericana de la tendencia europea, estrenada en la Feria Mundial de Chicago en 1933 y que aquí fue considerada apropiada para expresar la modernidad del programa arquitectónico y la función social de la terminal del ferrocarril, que expresaba así el avance tecnológico de Costa Rica.

Por lo anotado, la Estación del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico en San José, no sólo es una de las más contundentes manifestaciones capitalinas de la arquitectura renovadora o moderna de la década de 1930-1940, cuando ésta hizo su aparición en nuestro país; sino que es también un símbolo más de las grandes metas que le impusieron a Costa Rica como país los gobiernos liberales, así como del progreso que éstas significaron para la nación en su conjunto, al punto de que aún hoy pueden ser motivo de orgullo para todos nosotros.