lunes, 21 de enero de 2008

III: Metáfora y Diseño

“Nosotros, además, también somos
metáforas de la arquitectura...”


Franco Purini
La Arquitectura Didáctica


Son innumeras las veces que en el pasado ya, se ha llamado a los arquitectos en general poetas de la piedra; es decir, los que escriben en la página del espacio, con el material que es su pasión, la blanda palabra y el duro canto de lo construído... es decir, que diseñan lo habitable.

Y, ciertamente, validando la vieja analogía esa de lengua y arquitectura, podemos apreciar que las suyas son por igual armónicas sintaxis, aunque de distintos metros; simbólica transposición de imágenes son, también, sus frases y sus versos, que al fin se traducen en arquitectónicos elementos. Es por ello que, a veces, en los más comunes de todos los lugares lingüísticos, los templos se quieren cielos; las fuentes, océanos repletos; las simples casas, nidos para ser vividos; observatorios expectantes, los corrientes puentes; las acechantes torres, gigantes al acecho, y es cuando las calles gorgorean, repletas de gente, convirtiendo a la ciudad en un solo y gran poema, en el que todos sus habitantes dicen bien o mal sus letras: así el diseñador, el arquitecto, quijote de la piedra, materia elemental transformada, logra poetizar el espacio.

De algún modo lo hace suyo, lo hace humano; lo ablandó con la palabra, lo ablandó cuando lo habló, y al hablarlo le dio vida. Como Dios en la Creación, creó, lenguaje mediante, una obra a la medida del hombre, que es a su vez, la medida de todas las cosas: hambre de espacio, súplica plástica.

Hacer entender esto a un joven de fines del siglo veinte, con la era de la imagen a cuestas es, en buena medida, lo que he querido lograr -con dudosos resultados- al desarrollar este curso de Diseño: una comprensión más cabal de que la experiencia diaria del ser humano, trasciende de por sí al universo práctico y cotidiano, para desarrollarse además en un plano simbólico y también en uno fantástico, apenas entre otros; todos, eso sí, paralelos y poéticos... y eso porque son poetizables, porque son expresables, susceptibles de ser traídos, al aquí y al ahora, mediante el poder de la imagen hablada, de la evocación audible: otra vez, por el poder de la palabra dicha.

Por el poder de su presencia sígnica, de su plasticidad sonora, de su maleabilidad como de arcilla… palabra como de barro creativo; y que como tal, permite crearnos, permite construirnos a nosotros mismos, modelarnos, mientras modelamos el ambiente circundante a nuestra imagen y semejanza: la que de seres humanos tenemos... y que al resultado de ese proceso tan humano y tan divino a la vez, le llamamos comúnmente ciudad.

De ahí la necesidad en este curso de diseño arquitectónico, de la metáfora como herramienta didáctica: figura retórica por excelencia, esta es el instrumento idóneo del hacer-poesía, del explorar esos otros universos posibles, de leer las relaciones entre ellos, embarrialándose las manos limpias, los sesos vírgenes y el espíritu de aventura en el hecho creativo... como corresponde al ser humano en sí.

El logro de algo así quizá podría permitir a ese joven actual, que tantas imágenes carga consigo, desenvolverse mejor en la compleja disciplina que es el diseño; es decir, pasar del poder de la imagen hablada, a dejar hablar a las imágenes que le habitan generosamente, y a poder generar con ellas, más allá del objeto literario y conceptual (o metafórico) y del tangible y material (o arquitectónico), una verdadera circunstancia objetual -en el sentido orteguiano aquel-; es decir, un hecho humano, espacial, y ya por ello sólo, un hecho urbano: lo puede conducir a poetizar el espacio que lo rodea, a poder contribuir quizá mañana, a hacer de su ciudad un poema, o cuando menos a crear en ella, frases bellas con su hacer creativo.

Si diseño es designio, humana intención deliberada, diseñar entonces, es designar el mundo libremente, ponerle signo, darle nombre, como adanes cada vez, a las cosas que lo componen; y por eso se puede entender que una herramienta literaria así, como es la de la metáfora, bien puede ser considerada como fundamental en la enseñanza-aprendizaje de ese aleatorio proceso que es el crear mediante el diseño, un mundo a la medida del hombre, su paraíso artificial, su plural poema habitable.

Enorme reto y enorme responsabilidad es esta, de querer formar así diseñadores y arquitectos; pero fortuna enorme es encontrar en mi país -tan necesitado de ello-, un nicho desde donde hacerlo, o al menos desde donde poder intentarlo y, eso sí, puesto que aquí en Costa Rica, en amplia libertad para ese generoso intento. Ese de intentar algún día, con alguno de tantos, echar a andar libremente por ahí, aunque solo sea a un joven poeta de la piedra, a algún atareado y pequeño dios sin descanso, en la pequeña creación que es crear la ciudad cada día, día a día de la semana hebrea. Ojalá y llegara a ser su oficio el de diseñador, el de arquitecto, que es el de andar por la ciudad, entre todos y para todos, creando(nos).