viernes, 25 de enero de 2008

Cuando el aeropuerto estaba en La Lindora

Si bien la historia del transporte aéreo en Costa Rica se remonta a principios del siglo XX, con la llegada de un primer avión que vino desarmado y en un barco a Puerto Limón el 1° de enero de 1912, pasarían muchos años antes de que el país contara con un aeropuerto propiamente dicho.

Mientras, los escasos y eventuales vuelos comerciales que se realizaban al país, aterrizaban en lo que entonces eran las afueras de la ciudad de San José, como fue el caso del primero de ellos que transportó pasajeros, realizado en diciembre de 1928 por una aeronave de Pan American que aterrizó en La Sabana. Sin embargo, firmado el primer contrato para prestar servicios de carga, pasajeros y correo entre aquella empresa y la Secretaría de Fomento al año entrante, quedó obligado el Estado costarricense a facilitar el desarrollo de la infraestructura aeronáutica necesaria, tales como las pistas de aterrizaje, los edificios administrativos, los hangares, talleres y otros.

Fue así como en 1929 se creó la Dirección General de Aviación Civil, adscrita a la Secretaría de Seguridad Pública y, dos años después, en abril de 1931, se inauguró el primer Aeropuerto Internacional de Costa Rica, para lo cual se habilitó parte de la vieja hacienda "La Lindora" en Pozos de Santa Ana, propiedad de quien era considerado el más acaudalado cafetalero de la época, don Florentino Castro.

Al acto, revestido de toda la solemnidad del caso, asistió el señor Presidente de la República, don Cleto González Víquez, así como el señor Wilburgh Morrison, Vice Presidente de la Pan American Airways, empresa cuyos vuelos internacionales empezaron entonces a llegar con regularidad a ese aeródromo local por medio de aviones Ford Trimotor. Y fue uno de aquellos vuelos el que trajo al país, si bien por las pocas horas de una escala solamente, al famoso actor Clark Gable, que estuvo por eso en Lindora y hecho sobre el que cuenta el gran poeta español Rafael Alberti, una graciosa anécdota que aquí reproduzco.

Luego, mediante contrato realizado con el Gobierno de Costa Rica para el transporte de carga y personas a nivel local, en marzo de 1932 inició sus operaciones la primera empresa de aviación costarricense: la Empresa Nacional de Transporte Aéreo o ENTA, fundada por C.N. Shelton y Bob Forsblade. Operando desde el aeropuerto de La Lindora, esta empresa realizaba vuelos a lugares tales como Limón, San Isidro del General, Puntarenas y Liberia. Y para entonces, con el fin de facilitar el traslado entre San José y Santa Ana, se mejoró la vía entre La Sabana y San Rafael de Escazú y, a partir de ahí, se construyó la nueva carretera a Santa Ana por el Alto de la Palomas, que prescindía así de su pasó por Escazú centro, y abandonaba también la Calle Lajas como entrada al pueblo, como hasta entonces se había hecho.

Sin embargo, en los países industrializados la actividad aérea venía desde tiempo atrás en un progresivo ascenso, debido sobre todo a los grandes avances tecnológicos realizados en construcción de aeroplanos y la vasta experiencia de vuelo generada por la Primera Guerra Mundial. Aquí mientras tanto, a partir del 1º de diciembre de 1937 y a cargo de la Pan American Airways se inició el servicio regular de transporte aéreo de pasajeros entre Estados Unidos y Costa Rica, con nuevos y más grandes aviones Douglas con capacidad para 25 pasajeros, que durante varios años aterrizaron y despegaron del aeropuerto internacional de Santa Ana.

Como vemos, la aviación nacional se consolidaba al transitar por nuestros cielos aeronaves más sofisticadas, por lo que a los campos de aterrizaje -y entre ellos el más importante: el de La Lindora- se les hacía necesario ampliarlos y remodelarlos. Y esa fue la razón para que el 30 de abril de aquel mismo año de 1937 y siendo Presidente don León Cortés Castro, el Gobierno de la República decidiera más bien construir el Aeropuerto Internacional de La Sabana, el cual fue inaugurado oficialmente el 7 de abril de 1940.

No obstante, no debe considerarse por eso que el viejo aeropuerto de La Lindora quedó obsoleto ni en el olvido inmediato pues, además de ser el primer hito para el posterior desarrollo de la aviación en Costa Rica, todavía jugaría un importante papel en hechos posteriores. El más importante de ellos en el ámbito nacional, si bien no llegó a concretarse por la rendición del Gobierno, fue el ser considerado por las fuerzas del Ejército de Liberación Nacional jefeado por don José Figueres en 1948, como el punto de llegada para la operación aerotransportada que al mando de don Marcial Aguiluz y proveniente de San Isidro del General, atacaría San José por el lado Oeste, es decir, tomando Santa Ana y Escazú y entrando por La Sabana, mientras el grueso del ejército avanzaría de Cartago a la capital.

Cerca de diez años después y según el comandante revolucionario cubano Hubert Matos, fue también a cargo del coronel Aguiluz que estuvo la entrega de las armas que, facilitadas por Figueres y almacenadas por seguridad en La Lindora, tanto ayudarían a Fidel Castro y al Movimiento 26 de Julio en su lucha contra el dictador Fulgencio Batista; cargamento que a bordo de una aeronave liviana, despegaría de aquel pequeño aeropuerto en los llanos de Pozos de Santa Ana para internarse en las cumbres de la Sierra Maestra, y ligar así el nombre del aeródromo y sus hechos con los de la historia grande de la América Hispana.

Fotografías: http://www.dgac.go.cr/aviacion_cr/fotografias.html

Hace tiempo, antes de nuestra guerra, volaba yo una vez por los cielos de América Central, casualmente, con el entonces muy prestigioso y amado actor de cine Clark Gable. Yo tenía que bajar en Costa Rica, país democrático por excelencia, según me habían afirmado, en donde debía dar algunas conferencias en la universidad de San José. Al abrirse la puerta del avión, vi un grupo de jóvenes, que supuse estudiantes, adelantando, jubilosos, un papelito blanco que agitaban en la mano, como en demanda de autógrafos. Supuse, naturalmente, que aquellas demostraciones de simpatía eran para mí, sucediendo que no, que eran para Clark Gable, que a mí me esperaba la policía, para detenerme o no dejarme bajar del avión. Un cónsul español, de la ciudad mexicana de Tampico (…), nos había denunciado como rojos a María Teresa y a mí, echándonos a perder nuestro viaje en casi todos los países centroamericanos que debíamos visitar.

“Sobre los ángeles” una entrevista con Rafael Alberti